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marzo 28, 2012 / memopozos

“No Existe Ningún Perdón” (Parte 1)

Perdonar, usted y sus palabritas rebuscadas. ¿Sabe, acaso, de lo que está hablando? Usted sólo cree saber de qué habla, cree saber de lo que los demás hablan, es de los que creen en cosas como el perdón. ¿Sabe usted algo? El perdón no existe, no hay ningún perdón. A nosotros nos ‘enseñan’ a perdonar, vamos aprendiendo con la vida, y con los momentos, lo que significa perdonar. Dígame señor, justicia ¿A usted le enseñaron a beber agua…? ¿A usted le enseñaron a respirar? ¿No, verdad? Sabe por qué nos enseñan a perdonar, porque el perdón no es una virtud humana, no nacimos con ello, no es una virtud que tendríamos que aprender si fuera nuestra. Pero yo le voy a contar con qué sí nacimos, qué sí es de nosotros, un sentimiento inherente, una necesidad nata, que ladra como perro lleno de rabia cuando alguien nos hace daño… Venganza, mi querido general, Venganza, o como ustedes le llamarían… Justicia. Esa, la venganza, sí es de nosotros, con ello dentro de nosotros venimos a este mundo. Hubo un tiempo, un tiempo sincero y honrado, en el que la venganza era libre, pura. Pero pronto, las mentes maestras de la humanidad, esa humanidad que insiste en hacer humano al hombre, se dieron que cuenta que si cada quien seguía su instinto de venganza, o como usted le llama: ‘justicia’, eso que habían convertido en su castillo de oro llamado sociedad se vendría abajo… Caos.

Policía, la venganza es alarmante por eso, por el temor al caos. Hablemos de usted ¿De verdad ama la justicia? Yo no creo, no creo que usted sea diferente de mí. Hablemos de su pasado ¿Pudo usted perdonar a su padre? O su hermanita, cuando él llegaba cada noche, a la misma hora, porque no me va usted a negar que cuando su padre llegaba borracho el tiempo se detenía y siempre era la misma hora. Déjeme recordarle, aunque dudo que eso haga falta, déjeme hablarle de cuántas veces su padre violó una y otra vez a su hermanita de… 7, 8, 9, 10 años. De cuando su padre quemó viva a su madre por una cena mal preparada, enséñeme usted a perdonar cosas de ese tipo, enséñeme usted al ‘olvidar’ cosas de ese tamaño. No me burlo, no, mi sonrisa es de expectación, de ansias, quiero saber usted como persona cómo supera eso, quiero la fuerza que usted tiene, quiero la voluntad, una gotita de voluntad que apague las llamas que jamás dejaron  de arder en mí, cuando fueron ustedes los que me prendieron fuego desde niño, fueron ustedes los encargados de alimentar las llamas que me estaban quemando, que queman ahora y que jamás se extinguirán. Hábleme de dónde sacará las fuerzas necesarias para soportar el día de mañana, cuando usted llegué a su casa y vea el cadáver de su hijo, tan risueño él, tendido en el pasto junto a todos sus juguetes llenos del rojo que tanto amamos usted y yo. Era un excelente niño, de verdad lo era, yo pude ver tus ojos en él, me clavaba la mirada en ciertos momentos… cómo llamarlos, momentos de dolor… o como usted los llamaría, momentos de aprendizaje. Porque si mal no recuerdo en la invitación que usted me hacía hace unos años, minimizaba todo mi sufrimiento, todo mi dolor, todas las atrocidades que su equipo cometió en contra de mi familia, no fueron más que duros momentos de aprendizaje. ¿Me perdona, Licenciado? Me perdona por ser tan ciego como ustedes lo fueron conmigo… demuéstreme la fuerza del perdón, demuéstreme que hay cosas que de verdad se pueden olvidar, y demuéstreme ahora que se quedará de brazos  cruzados esperando que la ciudad haga su trabajo, ¿Soportará verme a los ojos mientras un juicio decide qué tan culpable o no culpable soy de haber clavado una y otra vez el cuchillo en el vientre del niño? Pero si no puede usted perdonarme, lo entenderé, porque nada de lo que ustedes me han hecho lo he podido perdonar yo mismo, no he querido y no tengo porque perdonarlos.

No existe, no hay perdón alguno y no lo habrá jamás. Y si no me cree, espere a ver el cadáver del que hablo, lleno de moscas, lleno de rapiña, verá usted que no le miento. No existe la justicia, la justicia es sólo venganza en manos de un astuto domador, la venganza se ha domesticado, pero yo, mi querido Policía, yo vine a liberarla y sé que con usted hago un buen trabajo. Sé que ahora no descansará, y quiero que no lo haga, no quiero que se sienta comprometido con la sociedad, la sociedad lo ama ahora, pero después lo echarán de una patada como echaron a mi padre. Quiero que la gente se parezca a Dios. ¿Sabe cuál es la mejor forma de amar a Dios? Siendo como Él ¿Y sabe cómo se es más parecido a Dios? Siendo lo que somos, hombres de inconciencia, y no hombres de fantasía. Seremos como Dios cuando seamos como de verdad queramos ser, cuando de verdad sigamos nuestros instintos. El perdón no es un instinto, el perdón es un cinturón de seguridad que nos permite mantenernos quietos, pero la venganza, la venganza está dentro de nosotros, ya se lo dije, existe silenciosa… dentro, esperando salvarnos, la venganza es supervivencia oportuna, quien ve por los demás no puede ver por uno mismo, pero quien ve por uno mismo ve siempre por lo demás y su verdadera salvación. Yo, yo siempre he querido ser como Dios, por eso hago lo que hago… le invito a ser como Dios mi querido señor Justicia, y haga lo quiera hacer conmigo, búsqueme, encuéntreme, y haga conmigo lo que hice yo con su hijo, pero lentamente, quiero sentir su valentía sobre mí, quiero saber que lo que hice no debí hacerlo.

Sea como Dios, cree cuando quiera crear y destruya cuando quiera destruir. Y tiene que encontrarme, porque si no lo hace, si usted no desahoga su sed de venganza en contra de mí, haré que la ciudad entera quiera hacerlo en contra de mí y al mismo tiempo en contra de usted, si no me encuentras, haré no sólo que tú me odies, haré que la ciudad entera nos odie a ambos por inmiscuirlos en nuestro personal juego del gato y del ratón. Si tu hijo no basta, mataré a los hijos de cuenta gente sea necesaria. Haré mi parte del juego, tú haz la tuya. Crear un muro de concreto en bases de papel nunca termina bien, y yo se los voy a demostrar… Quién incendiaría tu edificio de justicia por un niño… nadie, quiénes incendiarían un edificio por 50 niños, quién incendiaría un edificio por 100 niños ¿Nadie? 200 padres de familia se esperarían a que hagas tú un buen trabajo desde tu oficina, hijos de policías, hijos de grandes mandos ¿Esperarán a que tú hagas bien tu trabajo? Podrán perdonarme 1000 personas por llevarme a sus hijos conmigo, podrán perdonarte ti por permitírmelo. La gente sólo espera un buen motivo para dejar de ser lo que no es y comenzar a ser ellos mismos, un buen pedazo de carne que los convierta en perros hambrientos irreflexivos, y esta, mí querido policía, será la fiesta de la liberación. ¿Nos perdonamos? Podrá usted hacerlo… Yo sólo quiero que hagan bien su trabajo, quiero sufrir como ustedes sufrirán.

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2 comentarios

Dejar un comentario
  1. DOMINGO / Sep 10 2013 10:56 am

    LA VERDAD ES ASI NO HAY PERDON SOLO CREO QUE DIOS PUEDE PERDONAR Y LO HACE A TRAVES DE TODO LO QUE TE PASA EN LA VIDA

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