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diciembre 9, 2011 / memopozos

La Depresión, Según El Castor

The Beaver, El Castor, Mel Gibson, Depresión

A veces llegamos a un punto en el cual, para continuar, debes hacer borrón y cuenta nueva. Comenzamos a vernos como atrapados en una caja y no importa cuánto intentemos escapar, con autoayuda, terapia, medicamentos, sólo nos hundimos más y más.

La única manera de salir de la caja es deshaciéndonos de ella. Para empezar tú la construiste . Si la gente que te rodea te deprime ¿Quién los necesita? Tu esposa simula que te ama, tu hijo no soporta el tenerte cerca. Ahórrales el sufrimiento. Comenzar de nuevo no es una locura. La verdadera locura sería continuar con esto y seguir caminando medio dormido, como dopado, día tras días. La verdadera locura es simular que estamos felices cuando no lo estamos, simular que la forma en que las cosas son es la manera en que deben ser por el resto del tiempo.

¿Y toda la posible esperanza, la felicidad, los sentmientos, toda la pasión que la vida te ha quitado? Estírate, tómala, quítasela tú a ella, quítasela a todos los chupa sangres.

Esta es una foto de Walter Black, un depresivo sin remedio que se transformará en el castor, se convetirá en un fenómeno.

Hay mucha gente ahí afuera que está tan desesperada que escucharía gente a quien le gusta la miseria, siempre y cuando no les afecte.

El Castor.

El anterior es una fragmento de “The Beaver” o como se le conoció por estos lados “Mi Otro Yo”. Una película que se estrenó este año 2011 y que a decir verdad pasó un poco sin pena ni gloria. Incluso yo, cuando la vi en cartelera decidí esperarme unos pocos meses después para mejor alquilarla y verla en mi casa. Sin enmbargo me llevé una gran sorpresa, bueno, dígamos que una sorpresa. En ella se trata el tema de la depresión desde un punto de vista bastante curioso, muy ocurrente.

Pero lejos de que la película sea o no sea buena, vale la pena ver la forma en que verdaderamente la depresión en una persona, como un gran monstruo, logra a veces con sus tentáculos abrazar a todo lo que le rodea, todo en el aspecto laboral o social, y a todos, en el aspecto familiar.

Sin caer en revelaciones de argumentación, la historia se trata de un hombre que a sus casi cincuenta años, se encuentra sumergido totalmente en una depresión, que poco a poco (o mucho a mucho) ha ido logrando acabar con todo lo que le rodea, familia, trabajo, amigos, y lo peor en estos casos depresivos, ha ido acabando con sí mismo, hasta que un día, o una noche, se encuentra con un muñeco de peluche que estaba, curiosa o coincidentemente, en la “basura”. Pues ambos, hacen como una especie de simbiosis. Pareciera entonces que el personaje interpretado por Mel Gibson comienza a levantarse lentamente, a salir de ese oscuro pozo en el que nunca sabemos cómo es que entró.

The Beaver, 2011

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