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marzo 7, 2011 / memopozos

Corazón y Mente Hacen un Trato (Parte II)


Sentando en una banca de aquella extraña ciudad llamada Memolandia, Corazón seguía meditando la oferta de Mente, dejar todo en sus manos y las cosas se solucionarían, “todo quedaría atrás”. Había algo en aquello de dejar todo atrás que no le convencía completamente, como una pequeña vocecita que le decía que había cosas que nunca, por más que lo queramos, quedan atrás, pero no quedan atrás, no porque no sea posible, sino porque uno siempre recuerda lo que siempre es necesario recordar, si la memoria es selectiva, nosotros lo somos más. Y aunque en momentos pasados apretaba los puños y dientes deseando que nada de aquello hubiera sucedido, la verdad era que había cosas de “aquello” que recordaba y le hacían sonreír con bastante nostalgia y mucho cariño. No lo aceptaba, pero aquellas disertaciones absurdas del amor, por momentos lo hacían sentir bastante estúpido.

En medio de que frío tan acogedor, escuchó una voz bastante linda que le llamaba, era una voz muy sincera, incluso, se podría decir más sincera que la propia Mente y más sincero, sí, que el mismo corazón.

—¿Puedo sentarme? —preguntó aquella hermosa mujer, vestida completamente de blanco, su piel, sus ojos, su cuerpo, su mirada, eran como de otro lugar, pero llenos de paz.

—¿Eres de Memolandia? —Preguntó extrañado nuestro querido amigo el Corazón.

Ella sonrió de manera que Corazón entendió “Qué pregunta tan más estúpida”.

—No soy de Memolandia —contestó ella—, en realidad soy la verdadera esencia de este lugar, hubiera decidido no hablar, como siempre, pero te veo tan afligido y tan confundido, que he decidido darte un poco de ayuda, si me lo permites…. claro.

—Pero por supuesto —Corazón parecía confundido.

—Bueno, y si me lo permites, también, quisiera decir tres palabras.

Corazón movió su cabeza en una clara intención de decir, “Sí, adelante”.

—Qué egoista eres —dijo ella, al fin sentándose en la misma banca—, todo esto que sientes, todo esto que te confunde no es más que ignorancia, vanidad, egoísmo, petulancia… dime, Corazón, quién te crees que eres para no ser lastimado… no te lastima la ceguera de esa persona, te lastima que seas tú el afectado… pero por favor, qué osadía de alguien ¿No? Qué malvado ser quien no pudo ver que lo realmente eres y cuánto vales… y qué eres… un corazón como todos, como muchos, incluso como ese corazón que tanto malestar te dio alguna vez… incluso, mi querido amigo, incluso peor…

—Pero mintió…

—!Ja! —ella, sacó un cigarrillo, lo encendió y continuó—, ¿Mintió? Siempre lo hizo, desde el principio y tú lo sabías… ahh, el problema fue que sus mentiras ya no te gustaron, y al no gustarte a ti las de él, tú comenzaste a cambiar, y a él, como es justo, tampoco le gustaron tus mentiras… todos, mi estimado corazón, mentimos, y lo que es mejor, a todos nos gusta que nos mientan… pero que nos mientan con amor, que nos mientan con estilo, que nos mientan con cuidado… a poco no sonaban preciosas esas palabras llenos de futuros absurdos que sabían tú y ese corazón que no llegarían… ¿Irse lejos? Sonaba bien ¿Que eras hermoso? Sonaba bien ¿Que sería el único? sonaba bien… todo ello mientras sonaba bien te mantuvo con una sonrisa en eso que llamas boca… tanto que te moviste de lugar, tanto que arriesgaste tu integridad… pero mentiras son mentiras, y quien no las goce que se joda ¿verdad?

—No entiendo —Pudo a penas tartamudear corazón.

—¿De verdad no entiendes? O tengo que mentir para que sonrías.

—Es que no me resigno a creer que las mentiras me hagan feliz… ¿Todo fue una mentira?

—No, no todo… eso que te quemaba por dentro era real…

—Por favor —Corazón se enojó—, ¿Me ibas a ayudar, no?

—Dame tu mano y cierra los ojos —dijo ella tirando el cigarro mientras también cerraba sus ojos y parecía concentrarse en algo—, ciérralos, y cuando los abras estaremos en otro lugar.

Así fue… cuando Corazón de nuevo abrió los ojos y vio aquel lugar, sus ojos se llenaron de lágrimas, aquellas calles, aquella luna, aquel frío tan acogedor, era imposible no darse cuenta en dónde estaba, era imposible no recordar… por un momento guardaron silencio los dos… a lo lejos se veían venir dos personas, hablando de una cantidad de cosas tan absurdas como hermosas, tan innecesarias como bellas…

—Soy yo —murmuró corazón.

—Así es —dijo ella— y no te ves muy triste que digamos, ni se ve que alguien te haya obligado… se te ve muy… muy…

—No, enamorado no, no creo…

—¿Entonces? —Ella miraba a la pareja aquella.

—Feliz… estaba muy feliz…

—¡Ahhh! —gritó ella, y en ese momento todo se esfumó—, mentiroso tú también… por qué no se lo decías, ¿por que no le dijiste que sólo estabas feliz?… al contrario, cada noche, cada día, le decías que le querías… que le amabas… es más… hasta te la llegabas a tomar como una mentira verdadera…

—Bueno —era increíble cómo Corazón comenzaba a entender tantas cosas en ese momento—, pero es que me decía lo mismo…

—Y le creíste… ¿Qué querías que te dijera si decías lo mismo tú también?

—Sí, le creí mucho, le creí como a nadie nunca antes le había creído a alguien… tanto que me llegué a…

Ella sonrió.

—¿A enamorar? —susurró la mujer del vestido blanco.

Él guardó silencio…

—Le quisé, bastante.

—Sí o No —ella era bastante inteligente, era como si ella supiera todo lo que pasaba— déjate ya de eso… si le quisiste, qué bien, si no, qué bien, si te mintió qué bien, si no lo hizo, que bien. si mentiste, que bien, si al final lo único que a ese corazón le importaba era sí mismo, qué bien, ya no importa… Amigo… fuiste feliz… y te guste o no… esa felicidad, esos momentos… no se van a ir… Y peor aún, Corazón, te guste o no, en esa felicidad, ese corazón tuvo que ver mucho.

—Lo sé, y no quiero que se vayan.

—Ahhh —volvió a gritar ella—, qué muchacho tan lindo… entonces dime… borramos lo malo y dejamos lo bueno… es más, si quieres hasta nos olvidamos de su nombre… y dejamos nada esos momentos que te hacen sentir bien, no sé, por ejemplo, cuando te quedabas mirando lo inocente que a pesar de todo era su mirada, eres un !EGOISTA! Sabes que el negro es negro gracias al blanco…

Corazón comprendió:

—Si sé que lo negro es negro por el blanco, sé que lo bueno es bueno… ¿Por lo malo?

Ella sonrió otra vez.

—Cierra tus ojos —volvió a decir ella, y cuando Corazón los abrió, estaba sólo estaba vez, y frente a él, aquella persona… de pie, como dormido, sin decir nada, con la vista muy lejos de él, como siempre, Corazón sonrió, se acercó a él lentamente.

—¿Está dormido? —preguntó Corazón.

—No… —respondió ella—, Él ya no puede verte… él ya no ve que estás frente a él, él ahora sólo ve lo que necesita y quiere ver. Mi querido corazón… hay gente que sabe olvidar más rápido que otras personas… es como te decía, recordamos lo que necesitamos recordar… Él… Ya no necesita recordarte.

—¿Te digo algo? —Nuestro amigo no dejaba de sonreír—, es una gran persona… Levantó sus manos y con la yema de sus dedos tocó sus ojos… Huele igual…

—Memo —ella puso su mano sobre su hombro—, dile adiós… Y desea lo mejor para ese corazón.

Le dio un abrazo, lo apretó con todas sus fuerzas, le dio un beso en la mejilla y lo soltó… como también soltó el suspiro más grande y profundo que nunca jamás había soltado. “Dios te bendiga”

Ella observaba a aquel corazón, aguantando un poco las lágrimas y continuó:

—El tenía razón, somos Dioses, y por lo tanto, lo somos todo —después todo aquello se borró y de nuevo en la banca, antes de irse ella le dió un consejo a Corazón—, no le entregues esos recuerdos a Mente, ni los buenos ni los malos… deja ya de pensar en sí fue malo, si fue bueno, si mintió, si no lo hizo… La vida  es como una escalera… y cada peldaño, bueno o malo, es necesario para llegar allá arriba..

—¿Al cielo?

—No… no me refiero Al cielo.

FIN

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